Autoritarismo Médico y Cáncer en el Hospital Penna

Un relato en 1ra persona sobre maltratos en el servicio de oncología del Hospital Penna a una paciente de cáncer.

25 de Noviembre

Hoy fui al hospital. Voy rutinariamente desde hace 7 meses , tengo cáncer, cáncer de mama. 

Fui para lo que creía que sería otra sesión de quimioterapia, similar a las 5 anteriores que vengo realizando desde el mes de junio, mastectomía de por medio. Cuando llegué al hospital comencé a sentirme mareada, a tal punto que Isabel, mi mamá, que iba conmigo tuvo -ella con su edad- que sostenerme a mí mientras caminaba. El personal de seguridad al acceso, encargado de tomar la temperatura y facilitar alcohol en gel, tuvo la gentileza de ofrecerme una silla de ruedas, pero decidí no aceptarla ya que estaba a pasos de donde debía ir. 

Al llegar al pasillo angosto que conduce al consultorio de oncología observé que había un número inusual de pacientes esperando, mucha gente. Me acerqué a hablar con la secretaria y ella me mencionó que mi médica se había ausentado, y que me atendería otro trabajador, el jefe del área de oncología del hospital. Como seguía con malestar, decidí sentarme en un banco al lado de la puerta del consultorio. 

Para mí como paciente asistir a las sesiones de quimioterapia significa que -lejos de habituarme- padezco cada ocasión y convivo con intenso malestar los días previos. Tras 5 aplicaciones del coctel de la quimio, siempre me acompaña un aumento en mi nivel de ansiedad, y ocasionalmente alguna crisis de angustia. Es un proceso que además de incertidumbre suele traer noticias inesperadas, mayormente malas, como efectos adversos que a su vez me implican chequeos adicionales para  descartar posibles metástasis en otras partes de mi cuerpo. 

Siento por ello la necesidad de estar más en contacto con mis afectos, con esas personas que me escuchan y tratan de entenderme, no de juzgarme. Me resulta importante mencionar mi estado anímico previo debido a lo que terminó sucediendo ese día con la persona que me atendió en lugar de mi médica. 

Carolina Cardozo | Mi vida con C

Luego de aguardar por unos 15 minutos, este hombre sale del consultorio a los gritos,  exclamando que estábamos “todos mal”, que debíamos hacer una fila en el pasillo principal, más ancho que el del consultorio. Yo intenté repetidamente explicarle que estaba sentada debido a que tenía dificultades para permanecer de pie, pero no me escuchó. Se limitó a decir que no importaba, que estábamos mal ubicados y cerró la puerta intempestuosamente.

Mientras mi mamá y yo nos quedamos sentadas, siendo las únicas que permanecían en el pasillo interno, el resto de la gente había salido al principal. Instantes después este hombre sale una vez más y nos dice ” ¿no entienden que están mal?” Trato de explicarle la situación nuevamente, pero en lugar de escuchar sólo exclama que nos corramos hacia otro lugar del mismo asiento, una vez más, casi a los gritos.

Cuando llegó mi turno entré al consultorio. Allí, él me realiza consultas de rutina y luego me interroga: ¿Cómo conseguís la medicación? A lo que le respondo que es mi médica quien se encarga de conseguirla. 

Pero él replica que “¡cómo puede ser que no sepas si está tu medicación o no!”, que “vos tendrías que haber sido más responsable y averiguado si estaba disponible”, agrega también que los dos consultantes  anteriores tampoco sabían nada; y que si yo no me ocupo, él va a tener que pedir prestado o traer de su consultorio. 

Yo le respondo que sí a mí la médica que supervisa mi caso no me avisa eso, yo no tengo forma de adivinar si hay algo más que tengo que hacer, aparte de prepararme para el procedimiento.

Nuevamente, en 5 sesiones de quimioterapia a lo largo varios meses, nunca había tenido un problema cómo este. Incluso -rememorando ahora mientras escribo este artículo- el 27 de Agosto mi médica tuvo una dificultad y fue justamente él mismo quien me atendió ese día, sin jamas hacer mención de la necesidad de averiguar sobre la medicación. 

Cuando da por terminada la consulta, él le pide a la secretaria que averigüe si mi medicación había llegado, a lo que le responde que no; pregunta entonces si hay disponible para para que me presten, y le dicen que sí. 

“Prestar medicación” significa que como la dosis solicitada para mí no fue enviada desde el banco de drogas,  entonces ese día la dosis de otra persona se re-asignó, y con suerte cuando esa otra persona asista a su sesión, mi dosis se encuentre disponible.

Antes de retirarme a comenzar con mi sesión de drogas, el hombre me mira y concluye secamente: “de nada… por haberte conseguido la medicación”.

Es decir, él esperaba que después de maltratarme durante toda la consulta yo me apresurara a agradecerle por “conseguir” las drogas para mi quimio.

Salgo del consultorio angustiada, llorando. Cuando llego al área del hospital de día -donde me realizan las sesiones del tratamiento antineoplásico- una enfermera me preguntó qué me pasaba y cuando le comenté la situación ella me señaló que cpnocían el proceder de esta persona; que siempre tiene ese “mal carácter”. Luego, cuando me notó más tranquila, me explicó que ella no podía pedir disculpas por él, pero dedicó un buen rato a hablar conmigo para que pueda terminar de tranquilizarme.

Desgraciadamente tengo varias experiencias de internación, y debo reconocer que en la amplia mayoría de las ocasiones, las enfermeras y enfermeros destacan por su comprensión y sus esfuerzos por compensar las asimetrías del sistema sanitario.

Respecto entonces a lo que viví ese día, hay varios puntos que me gustaría analizar:

Los Malos tratos que viví por parte del jefe del servicio 

Es comprensible que algunas personas estén desbordadas, y que la crisis de la pandemia por el covid19 acentúe eso, pero no se puede tolerar que una persona que representa a todo el hospital nos falte el respeto y nos trate de forma violenta a quienes no tenemos otra opción que asistir a un hospital. No vamos porque queremos estar ahí. La mayoría de las personas hospitalizadas en un  momento tan difícil como este lo estamos porque solo nos queda luchar por nuestras vidas, porque queremos, necesitamos y merecemos vivir. No nos queda otra, y si el médico encargado de asistirnos nos falta el respeto de esta forma, lo único que hace es sumar angustia y malestar a alguien que ya tiene demasiado con lo que le está pasando. 

¿Estás cansado, saturado? Tomate una licencia, o dejá tu lugar una persona con empatía y respeto. No podemos aceptar más maltratos habituales a consultantes de cáncer como yo, ni tampoco maltrato cotidiano al resto del personal sanitario que tanto en recepción, administración, enfermería, y auxiliares siempre muestran esa calidez y buena predisposición tan necesaria.

La ley 26529, llamada “Ley de Los derechos del Paciente en su relación con los profesionales e instituciones de salud” fue sancionada en octubre de 2009. En el artículo 2, inciso b, menciona:

“Trato digno y respetuoso. El paciente tiene el derecho a que los agentes del sistema de salud intervinientes le otorguen un trato digno, con respeto a sus convicciones personales y morales, principalmente las relacionadas con sus condiciones socioculturales, de género, de pudor y a su intimidad, cualquiera sea el padecimiento que presente, y se haga extensivo a los familiares y acompañantes.”

La Escases de Medicación Oncológica 

Durante mi anterior consulta, mi oncóloga me había advertido que “hay muchos pacientes desesperados porque la medicación solicitada no llega a tiempo para realizar el tratamiento”

Algunos dirán que en este momento la prioridad es la pandemia. ¡No señores! Los enfermos de cáncer y otras patologías graves necesitamos que el estado garantice la cobertura del tratamiento. Se trata de una situación de vida o muerte. ¡No es un capricho! No estoy diciendo que los pacientes con covid dejen de recibir atención. Lo que necesitamos es que el estado garantice que toda la población tenga acceso al tratamiento que necesita  según la patología que presente, y que aquellas personas que inevitablemente debemos asistir lo hagamos de la forma más expeditiva, ya que somos personas de riesgo y lo último que alguien necesita es contraer covid por postergaciones inexplicables en el acceso a la salud.

Inclumpimiento de la Ley de Los derechos del Paciente

Estoy en tratamiento desde el pico de mayor temor de la pandemia, Junio; y a Diciembre de 2020, la información que he recibido sobre mi enfermedad y tratamientos es mínima y verbal únicamente.

No me han informado qué tipo ni grado de cáncer tengo, ni en qué fase. Me realizaron estudios cuyos resultados no me han sido clarificados ya que a ellos solo acceden de forma digital el personal santiario. El personal médico se limita a hablar entre sí, sin explicarme ni de que se trataba ni qué significado ni impacto tendrían esos resultados en mi tratamiento y salud. Tuve que averiguar por mis propios medios la mayoría de la información,  y aún me veo forzada a tomar decisiones en ausencia de datos cruciales.

Volviendo a la ley 26529, esta explicita en cuanto al derecho que tenemos los pacientes a recibir información:   

Capítulo 1

Información Sanitaria: El paciente tiene derecho a recibir la información sanitaria necesaria, vinculada a su salud…

ley 26529, Punto F, Capítulo 1

Interconsulta Médica: El paciente tiene derecho a recibir la información sanitaria por escrito, a fin de obtener una segunda opinión sobre el diagnóstico, pronóstico o tratamiento relacionados con su estado de salud.

ley 26529, Punto G. Capítulo 1

Capítulo 2 – DE LA INFORMACIÓN SANITARIA

entiéndase por información sanitaria aquella que, de manera clara, suficiente y adecuada a la capacidad de comprensión del paciente, informe sobre su estado de salud, los estudios y tratamientos que fueren menester realizarle y la previsible evolución, riesgos, complicaciones o secuelas de los mismos.

Art 3, ley 26529, Capítulo 2

Resaltar el trabajo de las enfermeras y personal auxiliar

Quiero finalizar esta publicación subrayando la labor de enfermeras, personal de seguridad, y personal auxiliar que a pesar de permanecer mayor tiempo en contacto con consultantes, con la implicancia de correr mayores riesgos; y pese a percibir una remuneración inferior, no dejan que nada se interponga con la profesionalidad, ética y humanidad en el desempeño en su trabajo.

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Carolina Cardozo
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